"UN CURSO LLENO DE EMOCIONES" 2024-25
UNIDAD DIDÁCTICA: ¿ DE QUÉ LADO ESTÁS?
CICLO: PRIMERO. CURSO: PRIMERO
“Lateralidad” puede parecer un
concepto muy abstracto pero, en realidad, se aplica en muchas áreas de nuestra
vida. El desarrollo adecuado de la lateralidad en los niños es vital para la
realización de otros procesos de aprendizaje. Muchas veces “lateralidad” se
confunde con otros términos como “dominancia manual” o “direccionalidad”, por
lo que es importante, en primer lugar, diferenciar estos conceptos.
El cerebro humano tiene dos hemisferios, derecho e izquierdo. En la
mayoría de las personas el hemisferio izquierdo es el dominante y determina que
la persona sea diestra; sin embargo, en un porcentaje menor (6%), el hemisferio
dominante es el derecho, lo que hace que la persona sea zurda. La dominancia de
una persona está determinada por el predominio de uno de los hemisferios.
¿Qué hace que un niño sea diestro o zurdo? Los expertos indican que la
dominancia se ve condicionada por nuestros genes, por lo que tendríamos más
posibilidades de ser zurdos si existiesen antecedentes familiares. Pero, en
realidad, no nacemos totalmente diestros o zurdos, sino que nos vamos
convirtiendo en tales en nuestra primera infancia, influidos por esa tendencia
genética y por el entorno en el que crecemos.
¿Desde que edad podemos definir la dominancia de un niño?
Podemos tener indicadores de la dominancia desde que el niño empieza a
voltearse, por el lado hacia el cual se voltea primero; o al agarrar objetos,
por la mano con la cual lo toma primero. No obstante, antes de los tres años es
normal que no haya una dominancia definida y que el niño experimente con ambos
lados de su cuerpo.
Hay cuatro partes del cuerpo que nos van indicando la dominancia del
niño: mano, pie, ojo y oído. Cuando en estos cuatros miembros el niño tiene la
misma dominancia podremos decir que se ha logrado un adecuado desarrollo de la
lateralidad. Podríamos definirla entonces, como el predominio funcional de un
lado del cuerpo humano sobre el otro, determinado por la supremacía que un
hemisferio cerebral ejerce sobre el otro. Para lograr una mayor eficacia con un
mínimo de esfuerzo en todo lo que hacemos, es preciso tener una lateralidad
bien establecida.
La lateralidad cruzada sería entonces cuando el predominio de la mano,
del ojo, del oído o del pie no se ubica en el mismo lado del cuerpo que los
demás miembros. Por ejemplo, un niño que escribe con la mano derecha, pero al
tomar el teléfono se lo pone en el oído izquierdo o un niño que patea con el
pie derecho, pero escribe con la mano izquierda.
El objetivo de la dominancia lateral es que uno de los hemisferios sea
el que dirija o controle los procesos mentales. Una lateralidad mal establecida
es el caso del niño ambidiestro. Es como si un carro tuviera dos volantes y dos
conductores, sería un caos. Los dos hemisferios compiten o cooperan, el
objetivo es que lleguen a cooperar, ya sea que esto ocurra de manera natural o
con un acompañamiento terapéutico.
Por otro lado, la conciencia que tiene el niño de la existencia de un lado derecho
y un izquierdo de su cuerpo y la habilidad de proyectarla al mundo que le rodea
se domina direccionalidad. Es decir, la conciencia que tiene de su posición con
relación a los objetos que lo redean, por ejemplo: “La mesa está a mi derecha,
pero si giro, estará a mi izquierda”.
Al iniciar la escuela básica, el niño empieza hacer uso de la
lateralidad y la direccionalidad. La lateralidad es una función que hace
posible que nos orientemos en el espacio y en el tiempo y, por tanto nos
permite entender y manejar los códigos escritos (letras y números). Algunos de
los efectos de una lateralidad no definida son un retraso en la adquisición de
la lectura y escritura, torpeza motriz, problemas con orientación espacial,
tartamudez, dislexia y dificultades en términos generales en los procesos de
aprendizaje básico de la etapa de educación primaria.En la lecto-escritura, el
niño debe leer de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo y debe
diferenciar letras que sólo varían en su posición, como la b y la d, la p y la
q. En matemáticas, el niño debe hacer operaciones de derecha a izquierda, y
debe diferenciar números que sólo varían en su posición, como 6 y 9. Estos
procesos que podrían parecer simples requieren una orientación en el espacio.
El niño que escribe “la” por “al”, que copia “23” por “32”, que lee “patas” por
“pasta” podría estarnos dando indicios de que su lateralidad no está
Es importante no forzar la lateralización, puesto que nos podríamos
equivocar potenciando un lado que tal vez no es el dominante. Un niño al que se
le ha forzado a utilizar la mano contraria a su lado dominante es un niño con
un sistema nervioso desorganizado. Su cerebro ha de estar organizado para que
él pueda organizarse a su vez en el espacio en que el se mueve y sobre el papel
en su trabajo escolar. Este trabajo debe realizarlo escolar. Este trabajo debe
realizarlo un experto, ya que el simple hecho de hacer que el niño escriba con
una mano que no es su mano dominante puede causarle dificultades serias de
aprendizaje.
Así pues, durante esta unidad trabajamos la lateralidad corporal.
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